
El Sr. Han hubiese sido un buen Alcalde o Ministro, o mas aun, presidente de Gobierno, el menda tiene madera de dirigente, un poco corrupto, bueno, pero al fin y al cabo como todos. El problema de Han es que nunca se sintió cómodo con las férreas disciplinas internas de los partidos, es más, él no entiende de ideologías políticas, a él simplemente le gusta mandar.
A muy temprana edad ya dominaba en su casa, con tan solo diez años pretendía controlar la economía familiar, por ello su padre harto de sus gilipolleces lo ingresó en un colegio interno de Monjes Shaolin, allí ejercito su mente en la filosofía Zen y su cuerpo en las artes marciales, destacó en todas las materias, fue en diversas ocasiones delegado de clase, y superó con buena nota las treintaisais cámaras Shaolin, un fiera de niño.
Cuando le salieron los primeros pelos en los huevos no dudo en retar al abad del Templo Shaolin a un duelo, con el propósito de hacerse con el control y dominio del templo, cosa de niñatos. El combate fue bastante desigual, el Kung Fu del abad era superior en todos los sentidos, y le infligió al joven Han una somanta de palos tremenda, vencido el joven novicio y como escarmiento ante el resto de sus compañeros, el abad le amputó con un sable la mano izquierda, luego lo expulsó del centro, llevándose Han como único equipaje su amputado miembro.
Con la lección bien aprendida, el joven Han se afincó en Hong Konk, donde realizó diversos trabajos para ahorrar algo de dinero, en su mente un sueño: convertirse en Dictador. Pero una cosa son los sueños y otra la realidad, las plazas de Dictador son bien escasas, no existen oposiciones, y los que la ocupan no piensan en coger la jubilación anticipada, cosas del poder.

Han en su determinación de convertirse en zátrapa tomó el poco dinero ahorrado, se presento en un banco, expuso su proyecto, y solicito una hipoteca para adquirir una isla desierta, donde él seria el mandamás, a los comerciales del Banco la idea les pareció genial y no dudaron en otorgarle el dinero solicitado a un interés del 9,5% mas Euribor, gracias a un plan de ayuda a jóvenes con iniciativa empresarial emprendido como medida social del Gobierno de su graciosa majestad en HongKong.
El gaché se lo curro bastante para construir la fortaleza en la isla, endeudándose de letras hasta la medula, pero una vez finalizadas las obras le quedo todo muy apañado y confortable. Contrató a unos fieles lacayos a los que uniformó con kimonos de karate, y creó su propia bandera para izar en las almenas. Luego comenzó a crear turbios negocios para recuperar el dinero invertido, lo que tenía claro es que no se iba a poner a cultivar remolachas ó patatas, ó criar ovejas y gallinas, la pela es la pela, y el dinero mas sencillo de ganar es el negro, convirtió la isla en un centro de distribución de heroína de reputada calidad.

En el coqueto sótano de su fortaleza insular, Han exponía una completísima colección de elementos de tortura, y en una vitrina, guardaba celosamente, una colección de prótesis de su amputado miembro, las tenia de todo tipo: Garras de oso, puño de acero, zarpas, puños vibradores, manos cornudas, garfios piratas, y de cuchillas afiladas tipo Fredy Krueger. Una para cada ocasión, y si alguien se le ponía chulito en su isla, no dudaba en usarlas.

A Han aparte de gustarle mandar, las prótesis, y los artificios de torturas, le gustaban otras cosas, entre ellas las mujeres, le gustaba mas un boquete que a un ratón, pero él no se conformaba con amar tiernamente, tampoco se conformaba con una sola mujer, le gustaba la variedad y el desenfreno, así que el subterráneo de su fortaleza insular se convirtió en un harem de jóvenes hermosas a las que drogaba, para mas tarde, una vez cansado de ellas, prostituirlas en locales de alternes de carreteras secundarias, la pela es la pela y había que rentabilizar el dinero invertido de alguna forma.
Otro de los hobby del Sr. Han eran las peleas, le gustaba eso de ver al prójimo partiéndose la cara, convirtió su fortaleza insular en un tremendo gimnasio, la isla olía a reflex y a ungüentos cosa mala. Como colofón a su afición por las peleas, el Sr. Han cada tres años montaba un campeonato de combates, la Fiesta Nacional de su isla, invitaba a todos los grandes luchadores del planeta a su isla, los agasajaba con manjares y bellas mujeres, a cambio de un buen espectáculo taurino, luchas a muerte sin cuartel. A los vencedores les ofrecía un puesto de trabajo fijo en su isla como guardaespaldas personal, a los que denegaban la oferta o se pasaban de listos, no dudaba en liquidarlos el mismo con alguna de sus manos de repuesto.

Han era un emprendedor y osado empresario, un hombre hecho asimismo, un truhán, un señor, algo bohemio y soñador, feliz como dictador de su pequeña isla, agasajado por sus súbditos como un autentico rey absolutista, contento con sus torneos de artes marciales, que en cada edición ganaban mas fama mundial, para esta próxima edición sin ir mas lejos vienen: Bruce Lee, Jim Kelly, y Jonh Saxon, una pasada de cartel.
