martes, septiembre 12, 2006

Kung Fu Traumatólogico. Luís Alfredo el pequeño Saltamontes

Eran las 19:35 h cuando sonó el timbre de mi jouse, con poquitas ganas abrí la puerta, un niñato de esos raros estaba en el hall, detrás mi colega, si señores, el pejiguera del Traumatólogo, una emergencia dijo y me propuso un disparate que me puso los vellos de puntas:

“Este es mi sobrino Julio Alfredo, un niño de bien, al que unos golfos, unos porristas de mierda, están acosando en el Instituto, quiero adiestrarle en el noble arte del Kung Fu, lo tengo medio convencido para que se matricule en Taek wondo, le he comprado su Kimono y su cinturon, pero necesita motivación, inspiración, mi hermana lo tiene amariconado, no le deja ver cine violento, esta hecho un panoli, un papa-frita”

Desde luego el asunto era bastante grave, el chaval estaba enganchado a Aquí hay tomate, era fan de la primera temporada de operación triunfo, y seguía con asiduidad una telenovela mexicana de no se que de gavilanes, además de varias teleseries lideres de audiencia made in Spain , y seguidor compulsivo del diario de Patricia, una pena de muchacho, una batalla perdida.

Pero para un caso así, están los amigos, me sentía en la obligación de ayudar al traumatólogo en este caso imposible, y hay películas que hacen milagros.

TREINTAISAIS CAMARAS DE KUNG FU Y UNA CANCION DESESPERADA!!




Las treinta y seis cámaras de Shaolin, ¡toma ya!, un clasicazo de los Shaw brothers, la predicación del Kung Fu hecha carne, el noble arte de la lucha llevado a las masas, el nacimiento de una leyenda, una cinta de culto del gran Liu Chia Lang, protagonizada por un joven Gordon Liu que borda su papel, inspiración para Tarantino que le reservo dos papeles en su Kill Bill, Luís Alfredo tenia los ojos como platos.

Y es lo que tiene esta película tardía de la Shaw: que engancha al más pintao, San Te es un joven revolucionario anti-ching, que ve como su familia, su pueblo es asesinado y humillado por los malvados Manchues, malherido por estos rufianes se refugia en el templo Shaolin, y se ordena monje con la intención de aprender Kung Fu.

He aquí a la madre del cordero, el templo Shaolin aparte de predicar las enseñazas de Buda, posee treinta y cinco cámaras en plan pista americana para que los novicios se ejerciten en el arte de las técnicas de combates cuerpo a cuerpo mas avanzada: el Kung Fu.

El ansia de venganza de San Te le harán destacar en todas las cámaras, y como disfrutaba Luis Alfredo con los entrenamientos, ni los marines americanos, y que mala leche gastan los monjes, que sufrimientos hacen pasar a las criaturas, desde las cámaras mas básicas para ejercita los puños, la cabeza, la vista, las piernas hasta las mas avanzadas diseñadas para manejar con eficacia toda la parafernalia armamentista típica del Kung Fu, espadas gemelas, bastones, etc.…y como se les cae la baba a los monjes con el alumno destacado San Te que arte tiene el niño, que empeño pone, genio y figura este maletilla Shaolin.

Luís Alfredo estaba disfrutando de lo lindo y dijo entusiasmado:

- Imagínate un Operación Triunfo en plan monjes Shaolin, con sus cámaras de adiestramiento, donde se dieran de ostias los concursantes, e incluso sus familiares se dieran de piñas en cualquier plato de un programa de Telebasura, y que solo quedara un finalista: el mejor luchador de Kung Fu.

Buena idea cierto, pero en este mundo todo esta inventado:

- El Gran Hermano Shaolin. (¿presentara la Mila?)

Para tomar la alternativa, San Te tendrá que enfrentarse al monje mas encogido de la congregación Shaolin, maestro en el arte de las espada gemelas, San Te es derrotado en tres ocasiones por su maestro, pero la inspiración divina del Kung Fu, le harán idear los nunchacos de tres segmentos, invencible arma que lo llevaran a vencer al monje encogido, y tomar la alternativa en la plaza de Shaolin, Que bonito es todo, suspiraba Luís Alfredo, lo merecía que decía emocionado su tío el Traumatólogo.



A este prodigio de las artes marciales en la entrega de diplomas se le ofrece la tutoría de unas de las treinta y cinco cámaras, y el tonto en vez de coger la de darse de cabezazos con los sacos de arenas en plan Ziddane, con lo divertida que es, elige crear una cámara treinta y seis en la cual todo los payos, todos los laicos, todo el pueblo amarillo en general pueda aprender y ejercita el Kung Fu, los monjes del templo le niegan este capricho, y San Te saldrá del templo con dos intenciones: propagar las enseñanzas del Kung Fu y la venganza sobre los putos Manchues.

Y claro, alcanzó sus objetivos, adoctrino a fieles acólitos, y calento los morros a los putos Manchues, y en especial a su general (Lo Lich) que experimentó en su propio cuerpo el arte del nunchaco de tres palos o segmentos, que por la cara que puso debe de doler bastante.

Luís Alfredo lo tenía bastante claro:

- Tito quiero alistarme en un templo Shaolin, ser una maquina de matar, me rapare la cabeza y me tatuare los seis puntos en mi cráneo como Krilin!!!

Dicho esto dio un cabezazo a una maceta, y una patada a un revistero, y es que el cine violento da esos prontos a la juventud.