jueves, enero 18, 2007

KFT-2: Poesía de Destruccion.

Yo no se ustedes pero a mi la llamada telefónica de mi colega el Traumatólogo en plan mosqueo me tenia súper-intrigado.

Así que una vez termine de ducharme, secarme, y ponerme mi pijama de Chinchan con mi batín de Guatine me dispuse a llamarle a su móvil con el corazón en un puño por la incertidumbre.

Al tercer tono cogió el teléfono contestando con muy mala uva con un Que pasa tío.

- Eso digo yo, que pasa que no hay quien te vea el pelo mamón, le dije.

- Has visto últimamente a Luís Alfredo por tu casa, pregunto

- Pues la verdad es que hace tiempo que no le veo, mentí como un bellaco.

Y entonces la bestia parda del Traumatólogo se desahogo al otro lado de la línea, se le notaba nervioso, y lo cierto es que la historia que me contó no era para menos.

Al parecer el día anterior habían expulsado al pequeño mamífero de Luís Alfredo del Instituto por lanzarle una estrella Ninja al profesor de matemáticas y golpearle repetidas veces con sus nunchacos, su padre, un afamado dentista de la ciudad, tuvo que acudir a hablar con el director del centro, que le puso la cara colorada, Luís Alfredo ya no era el chico estudioso y aplicado de antaño, se había convertido de la noche a la mañana en un golfo, es mas el director aseguraba que era un PORRETA de la peor calaña.

Yo ya comprendía lo de las risitas con su colega el Mutante cuando les puse El luchador manco, los dos perros sarnosos estaban fumados.

Según me contó el Traumatólogo su cuñado el dentista había tomado medidas severas para enderezar el comportamiento anómalo de su sobrino, nada mas y nada menos que había contratado los servicios de una SUPERNANY.

La medida adoptada me sorprendió, Luís Alfredo a partir de ahora estaría bajo observación de una pérfida supernany, alejado del cine violento y de las malas compañías, pero más aun me sorprendieron las últimas palabras de mi amigo el Traumatólogo:

- Esta noche pienso ajustar cuentas en la ciudad, cuídate amigo.

Cipotes me dije una vez colgó el aparato, y como el que no quiere la cosa me dispuse a ver una película, mientras resonaban en mi cabeza las ultimas palabras del Traumatólogo.

La película que elegí se llamaba Wang Yu el invencible, film del 72 interpretado por el invencible Jimmy Wang Yu, en donde un malo malísimo hace todo tipo de fechorías y maldades a la buena gente, pero ahí está Wan Yu para ajustarles las tuercas. Pero lo curioso fue una hermosa oda que recito el malo malísimo de la peli, llena de estrofas de destrucción y odio, fue justo en ese poético momento cuando oí la primera ambulancia, luego siguieron sonando las sirenas sin parar, incluso cuando la película acabo y me acosté las ambulancias seguían aullando, sus sonidos rompían el silencio de la noche como versos de dolor y destrucción.

Y por supuesto los productos de este post en La Puñetera Publicidad