domingo, enero 21, 2007

La Mala Yerba: Monty Burns, Yo soy aquel.

Con sus (supuestamente) 104 años al Sr. Charles Montgmery Burns, Monty para los amigos, le duran un suspiro los delegados sindicales de los CoCos y de las UGT, los ecologistas mas aguerridos y los incorruptibles inspectores de Hacienda, para todos ellos cuenta en su despacho con una trampilla especial directa a las cloacas del capitalismo.

Un republicano de tomo y lomo, como Dios y Don Dinero mandan, con un peazo de fortuna que según la revista Forbes es la segunda del ranking de los personajes de ficción, nada mas y nada menos que 16,80 billones de pesetas americanas, un pastón hecho duro a duro como buen Hermano de la cofradía de la virgen del puño.

Ni tan siquiera el Dr. House, con tanto humos como se da, ha conseguido descubrir por que no le afectan las enfermedades si las tiene todas y es que estas se colapsan en su cuerpo haciendole inmune, ese es el poderoso misterio de su larga longevidad, por eso el Sr. Burns es eterno, de una estirpe que se perpetua en el tiempo explotando vilmente a sus semejantes, sobreviviendo a guerras, epidemias y revoluciones, siempre en la parte alta de la escala evolutiva, en la puntita de arriba de la pirámide del poder.

En su municipio de residencia de Springfield, sus vecinos le conocen como el Amo, el dueño de la central nuclear. Mala gente si, pero en el fondo el que da el pan y los euros para consumir cerveza Duff, pero también es un mal bicho que contamina los ríos creando peces mutantes, un codicioso que una vez oculto el sol, unos de los principales cómplices del calentamiento global del planeta, un mal nacido capaz de intercambiar plutonio embrutecido con Corea del Norte, un sinvergüenza que abandonó a su familia biológica por un multimillonario, incapaz tan siquiera de recordar el nombre de alguno de sus empleados

Aquel que se paso al lado oscuro de la fuerza, sin derramar ni una lagrimita, sin mirar atras.

Una pasada de personaje del Maestro Matt Groening, de su microcosmo de Springfield, desde la serie Los Simpsons el maestro nos hace un preciso retrato del capitalista despiadado, del señoriíto de toda la vida, del que no sabe que es una hipoteca, bien situado en su despacho frotándose la manos sin parar, firmando y cobrando, el que vive del cuento, alejado de casos Malaya y movidas tontas, a él no le afectan esos rollos, el está mucho mas alto, mas parriba, en toda la puntita de la pirámide.

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