viernes, marzo 02, 2007

KFT-2: El Traumatólogo tiene quien le escriba.

Sobre la mesa mi puto móvil empezó a vibrar con una intensidad de 0,05 en la escala de Richter, acto seguido la melodía de la serie de televisión La Frontera Azul comenzó a sonar polifónicamente.

Sin lugar a dudas era el picha floja del Traumatólogo, que tripa se le habrá roto a este ahora, si lo que quiere es ver una película de chinos mosqueados en mi casa la lleva clara, San sacabo las movidas Karatekas en mi Jouse por estricta orden de mi mujer, que se busque otro cobijo que ya esta bien de abusar. Descolgué el aparato con la sana intención de cortarle el rollo de buenas maneras, pero estaba equivocado, el asunto era bien distinto.

- Octopo, tenemos que hablar de un asunto serio, hemos quedado toda la pandilla en el la cafetería que hay junto al gimnasio de Wan.

- Y en adonde esta eso? Pregunte.

- En la plaza Aqualung junto a la calle Payaso Fofo, el gimnasio se llama Eye of The Tiger.

Empecé a reírme y el Traumatólogo colgó con un mamón, cogi el coche y di varias vueltas buscando el dichoso gimnasio, pero al pasar por una plaza pude ver una estatua de Ian Anderson con su flauta y supe que aquella era sin dudas la plaza Aqualung.

En la esquina estaba el gimnasio de Wan con un gran letrero con dos ojos dibujados y la leyenda: Eye of the Tiger, mas abajo se podía leer: Especialidad en la danza de la pantera, el mono borracho, la mantis, la grulla y bailes de salón, justo al lado en la terraza de una cafetería llamada Arenas del Rocío estaban sentados comiendo churros el Traumatólogo y su guardia pretoriana: Wan el tigre de Matalascaña, Toribio el centollo y Rogelio el Ninja Taurino.

Di los buenos días, y todos me dieron la enhorabuena por lo del churumbel, al parecer Manolillo el Mutante les dio el chivatazo. Por educación pregunte al pobre Wan por su estado de salud, tenia toda la cara arañada y estaba mellado, me contesto con mala pronunciación que ya estaba repuesto. El camarero se acerco a la mesa y le pedí un café con leche, todos tomaban cafés a excepción del Centollo que se tomaba un tintorro a palo seco, en el cual mojaba los churros sin miramientos dejando lamparones de aceites en el líquido.

El Traumatólogo dio un golpe seco en la mesa que derramo los cafés y dijo:

- Os he citado aquí por un asunto bastante serio, esta mañana he recibido esta carta.